Published on Mardi, janvier 12, 2010 by admin
Me robaste el calor del sol,
sonrisas reprimidas ancladas
en los labios pintados de ababol,
sedientos de ternura olvidada,
en la sombra de la habitación,
morían los días, envenenada,
y mientras, tú, viviendo otra pasión.
Le pusiste nombre a la luna,
desde entonces me hiere mirarla,
de espinas me hiciste la cuna,
manta de alfileres para tapa...