Me robaste el calor del sol,
sonrisas reprimidas ancladas
en los labios pintados de ababol,
sedientos de ternura olvidada,
en la sombra de la habitación,
morían los días, envenenada,
y mientras, tú, viviendo otra pasión.
Le pusiste nombre a la luna,
desde entonces me hiere mirarla,
de espinas me hiciste la cuna,
manta de alfileres para taparla,
y en ella me meciste indiferente
cuando a ti se te antojaba.
Aprendí a pintar un universo
desprendiéndome de tus recuerdos,
dibujé un nuevo mundo para dejarte en el tuyo inmerso,
como hierba creciendo,
germinas insistente en mi terreno,
pero esta vez,
soy yo quien se está riendo.
Dersa

