La danza oriental, debido su técnica de disociación del cuerpo, hace que la conexión neuromuscular se desarrolle, activando a su vez la coordinación. Fortalece los músculos abdominales, sobre todo los de la base pélvica, los glúteos, los lumbares, todos los músculos de las piernas, los hombros y brazos. Las articulaciones también se benefician, por ser movimientos disociados que potencian la movilidad articular.
La concentración en los movimientos para iniciar la clase, es uno de los motivos por los que las mujeres desconectan nada más entrar en clase, en su fase de calentamiento, estirando y preparando sus músculos y articulaciones con movimientos de danza lentos y suaves, la música despierta la sensibilidad de la mujer, concentrándose y preparándose para la siguiente fase.
Aprender nuevos movimientos, a expresarlos según la personalidad de cada mujer, unir movimientos y crear conjuntos de movimientos, hasta llegar a formar incluso coreografías, todos estos aspectos, son algunos de los que hacen que diferentes emociones, surjan en la expresión corporal, y ayude a las mujeres a paliar el estrés, a sentirse femeninas y por lo tanto bellas, potenciando la autoestima, que está ligada también a la depresión, y a la ansiedad.
Los grupos usualmente a final de curso hacen una exhibición, aunque por supuesto, jamás es obligatorio, lo que hace que las personas aprendan a trabajar en grupo, se comuniquen y se ilusionen y sientan una gran satisfacción por su trabajo durante el curso.
Por eso la danza oriental, se está utilizando en algunos centros, como terapia complementaria para la salud de la mujer, tanto a nivel físico como mental, y por eso, como enfermera, los incluyo en programas para la salud de la mujer,
Para practicar la danza oriental, no importa la edad, pero se recomienda a las niñas menores de 14 años, que vayan mejor con grupos infantiles, pues la técnica de enseñanza es distinta lógicamente.

