Abrí la puerta del mundo, efluvios de aliento fétido,
garras surcando heridas envueltas de placer pérfido,
diseño de aromas artificiales semejantes al azahar,
nebulosa de mentiras adiestradas para ocultar,
el ocaso de los perfumes del amor y la verdad,
el crimen perfecto contra la humanidad.
Robé a mis sueños su dimensión de libertad,
convirtiéndolos en un planeta de felicidad,
allá donde lo dulce y lo amargo se puede soportar,
moisés, cuna, mecedora del hondo pesar,
disipan las nubes de lágrimas por derramar,
cómoda en él, no deseo ya escapar.
El destino se olvidó de forjar la cerradura,
y la llave del amor que siempre perdura.

