Llora el recuerdo, desvanece la tarde,
el cuarto creciente asoma sonriente,
la tristeza se mece, ya no arde,
melancolía, te espero ferviente,
pues si nada tengo, qué será de mi,
que todo me es poco, vivir por vivir…
Ocaso somnoliento robando mi aliento,
sinapsis lenta, etérea, apacible sin tiempo,
relentiza la vida en mi firmamento,
y cuando te canses de dormir,
cuéntales por qué me fui,
diles que hace tiempo ya me perdí,
morí al nacer, y aún sigo aquí.
El azul ya es todo negro,
me abriga como el vientre materno,
para darme a luz en el lecho del infierno,
la noche engulle el verano tornándolo invierno,
y el agrio contagia lo tierno.
El mismo cielo allá donde vaya,
rastreadora de caminos que el abismo calla,
regreso al cosmos de la ilusión,
cambiante cada día según mi razón,
donde a nadie debo pedir perdón,
ni que curen mis heridas,
a cambio de limosnas lívidas.

