Madre tierra, vientre que pares la diversidad,
entrañas hirvientes vírgenes de la maldad,
se alimentan ácaros del preciado manjar,
piel rica, extensa, controlada por la humanidad,
sorda a tus ruegos de amor y piedad.
Plasma sollozando entre crueles vertidos,
cordón umbilical átomo de los sentidos,
ante tanta necedad de poder, cautivos,
sucumbiendo a la vanidad, vencidos,
ahogados en errores omitidos.
Efímera perece decepcionada la ternura,
sueños cicatrizados que el tiempo cura,
y aunque mi alma ya no sea pura,
adivino el destino de tanta locura,
donde todo y nada perdura.

