Rezuma la indiferencia ante tu presencia,
vestida de apatía regada de un hastío,
que aburre hasta a los muertos que yacen bajo tierra.
La bajeza de sus instintos me sonríen con su ausencia,
trazando sendas repletas que fulminan el vacío,
sentido por aquel que en el amor yerra.
El silencio acaricia las paredes de la inocencia,
mecido entre mis brazos lo siento tan mío,
besándome como el pañuelo blanco cuando sucumbe la guerra.
Y quién por amor no negó ante la evidencia,
la mentira y la traición entre suspiro y suspiro,
con esposas abiertas que una misma se cierra.
Me iluminó como un relámpago tu mirada tan necia,
y se desmoronó en un instante lo que había sentido,
¡ qué feo y desagradable ! ¡ qué bueno desenredar la hiedra!
y poder crear vida, dejar de arrojar otra piedra….

