Un suburbio del intelecto serpenteando los axones,
revienta en la sinapsis pariendo el monstruo pleno de odio,
con armas de un doble filo letal en defensa del mal,
que me hace sucumbir en la serenidad allá donde la
muerte te porta como dulce final.
Su alimento arrastra mi dolor, su boca me quiere tragar,
y yo deseo ser su bocado más especial
engullida con su lengua en espiral, le cedo mi alma mortal,
a cambio sólo le pido silencio en el cerebro y no pensar,
en la espera de que caiga la costra y poder mi alma sanar.
Bombea el corazón desplazando por la sangre el despertar,
alimentando la piel deseosa como la serpiente de mutar,
para poder escabullirse rauda ante los cazadores de la jungla,
y tan sólo salir cuando el hambre te hace matar.
Ya no necesito alas ni piernas en la selva corrupta,
tan sólo una cueva, una piedra, la oscuridad de una gruta,
camuflada en la sabia naturaleza donde los débiles perecen,
y los enemigos cansados en su espera….desaparecen.

