El té ambarino entre mis dedos giraba,
viendo los avatares ahogándose en el vaso cristalino
la nube gris como siempre dañina flotaba,
cortándome el aire los efluvios oscuros rodaban,
un saldo de lágrimas, tristeza, y ni un ápice de paz.
El vacío me hacía temblar y cayó inerte al dejarlo rodar,
despidiéndome de los muros que nunca habité,
allá donde quise pintar de blanco y geranios plantar,
el balcón para olvidar todo el infierno pasado,
mas, aún no podía apretar con fuerza los labios,
por la sentencia programada de un necio tronco
que causó en mi cuerpo y alma tanto dolor.
Perdí la noción de los colores y añoré mis arco iris,
sentada en la fría silla como roca puntiaguda,
se me clavó para salir corriendo y pedir ayuda,
a la que nadie respondió, eso creí yo,
tan sorda por el amor, dejé de escuchar más de una voz,
se olía el odio clavándose en mi cerebro,
y tuve que aprender a vivir con él durante un tiempo,
desperté de aquel infierno, sólo fue un sueño,
sólo fue un sueño….así será porque yo lo deseo.

