Mientras mi cuerpo tiembla ante la verdad,
todos los frascos de esencia de muerte,
arrojan el perfume del ingrato amor pestilente,
semejante al cadáver putrefacto de tu alma,
infectando el aire voy cayendo pálida,
hacia el abismo de la crueldad malvada,
estrellándome sin alas contra las ratas,
que se comen apiladas mi perdida esperanza.
Ya no te quedan armas que clavarme
en el infierno donde me abandonaste,
para acercarte de tanto en tanto,
y así entre otras también hartarte,
enfermo de las tinieblas ya no podrás tocarme,
alimenta a los gusanos con tu propia carne.

