Published on Lundi, janvier 25, 2010 by admin
La alondra se despedía al atardecer,
mecida en tu abrazo en cabo Espartel,
temblando mi alma ante tanto poder,
rendida al hechizo te amé una vez.
Aún cantaba el ruiseñor en la despedida,
tan gélido fue aquel amanecer...
perdida entre la muchedumbre pasé dos días,
hasta volverte a ver.
Unos minutos bastaron en tu mirada,
llevándome al Es...